viernes, julio 18, 2008

Entrevista

Tuti Elliségaray:

“EL TEATRO SIEMPRE ESTUVO DENTRO MÍO”

por Cristina Ríos

Actriz de la Universidad de Chile, a sus 35 años dedica la mayor parte de su tiempo a enseñar Actuación en distintas escuelas. Esto la mantuvo alejada de las tablas por varios años, pero hoy ha vuelto para interpretar a Lucrecia, la frágil mujer que es violada por su marido en la obra de Aldo Droguett, Violación.

-¿Cómo entraste a Violación?

El año pasado, en la escuela de Fernando Cuadra, hubo un examen de egreso, me invitaron a hacer comisión y fui a evaluar actuación. Después pasó el tiempo, se remontó la obra para darla por temporada y cuando la quisieron remontar, la protagonista estaba embarazada. Entonces al director se le ocurrió llamarme. Yo acepté porque encontraba que la obra era interesante, me parecía que a nivel de imágenes era muy bella, me había llamado mucho la atención y me sentí súper identificada con el trabajo visual. Acepté también porque era un texto de Shakespeare, yo nunca había trabajado un texto de él, me estaban ofreciendo ser la protagonista, entonces encontré que era un gran desafío.

-Porque además había pasado bastante tiempo sin que hicieras teatro.

O sea hace tiempo que no actuaba, pero había hecho hartas cosas, había hecho una producción por ejemplo. Siempre he estado adentro, pero al no estar expuesta, estaba cuidada, entonces, fue estresante. De todas formas, yo ya había reemplazado antes. Es entretenido reemplazar, es como hacer el trabajo instantáneo, porque ves el trabajo, lo copias, lo haces lo mejor que puedes, pero desde ti.

- Entró al mundo teatral de forma azarosa, casi por la broma de “estudiar teatro”. Siempre le gustaron las letras, por eso estaba más cercana al Periodismo o a la Sicología. Al momento de dar las pruebas especiales de admisión, sus padres se sorprendieron pero no le dijeron nada. Habían cultivado sus gustos, regalándole libros de poesía, llevándola a ver obras, inscribiéndola en distintos cursos. Recuerda eso sí la advertencia que le hizo su padre: “¿Tú quieres estudiar Teatro porque quieres ser libre? Si quieres ser libre estás muy equivocada, porque nunca vas a ser libre debajo de un director”

-¿Cuáles son las cosas del oficio que te cansan? ¿Nunca te has arrepentido de haber estudiado Teatro?

No, nunca me he arrepentido. Obviamente hay cosas que me cansan pero no me arrepiento. Me cansa cuando la gente no se compromete, me cansa cuando dice que se compromete y en el fondo no está comprometida, cuando las cosas se hacen como a la mitad. Cuando de repente hay abuso de poder en algunas situaciones. Puede pasar en el trabajo con tu jefe, o puede pasar también con tu director. Pero me considero una persona súper realizada y feliz con lo que yo elegí. Cuando estaba en el colegio ir al teatro me encantaba, alucinaba. Yo nunca entendí cómo terminé estudiando esto, y ahora cuando estoy haciendo teatro o cuando estoy haciendo clases, me doy cuenta de que siempre estuvo dentro de mí. Por ejemplo, como espectador de teatro, soy muy feliz, y cuando actúo también soy feliz. Cuando soy asistente de dirección o cuando, no sé… me ha tocado hacer la boletería y hasta a eso le encuentro algo simpático.

-Tiene buenos recuerdos de su infancia. Desde ese tiempo que es conocida como Tuti, apodo que le inventó su madre, Isabel, con quien comparte el nombre. Peleó con su hermano, tres años menor, desde que nació hasta que cumplió 15 años y se hizo muy grande para ella. Además de eso, recuerda una infancia que se desarrolló principalmente en dos escenarios: el gimnasio y el colegio. Era gimnasta olímpica y dedicaba al menos cuatro horas del día al entrenamiento. Estudiaba en los taxis y en las micros.

- ¿Eso te habrá preparado para llegar a teatro?

Yo creo que sí, por supuesto. Mi papá una vez le dijo a un amigo: “yo creo que la Tuti estudió Teatro porque cuando era chica se acostumbró a los aplausos” (ríe) Es un poco poético, pero no sé si será real. Yo creo también que está relacionado con el trabajo de cuerpo, yo siempre me he sentido muy conectada con el cuerpo, por lo de hacer deporte, forjar tu cuerpo, mirar tu cuerpo, tocar tu cuerpo y después dedicarte al Teatro. Siempre me he considerado en la línea del movimiento. Y después me fui en volá y me puse a estudiar masajes… Pero no es solamente el cuerpo, es el cuerpo y cómo se expresa. Porque en el teatro se expresa a través del verbo, de la palabra, de los movimientos y de las acciones.

Llegaste al teatro de forma azarosa, ¿cómo sientes que te ha cambiado pasar por el mundo teatral?

Yo estuve en un colegio de mujeres y de monjas más encima. Me iba bien en el colegio, siempre fui responsable y claro me vi enfrentada a un mundo mucho más abierto, más diverso, más heterogéneo. Se me abrió la cabeza y el cuerpo y todo a un mundo súper distinto. Más loco, más espontáneo. Pero claro, cuando yo entré a estudiar a la universidad era una niñita y me vi obligada a convertirme en una mujercita, porque tampoco era bien visto entre mis compañeros ser una niñita.

-¿Te hacía más débil quizás?

¡Sí! Por supuesto, además que el ambiente de la actuación o de la escuela, yo lo sentía súper competitivo. Estás expuesto a la crítica todo el día, de tus profesores y de tus compañeros entonces, para estudiar teatro hay que ser súper duro, súper fuerte.

-¿Qué otras cosas, además del teatro, te hacen feliz?

Mi juguito natural en la mañana, mi trote en la mañana, una buena clase, un bonito ejercicio, cuando mis alumnos son cariñosos conmigo. Cuando decoro mi casa y queda bonita, en general cuando construyo cosas. Lo que está relacionado con la creación creo yo.

-¿Cómo es tu rutina diaria?

Soy una persona muy rutinaria, y me gusta el orden. Hay cosas que vengo haciendo hace cinco años sin parar y las respeto… hace como tres semanas que paré de correr pero yo llevo cinco años corriendo, troto todas las mañanas. Ahora paré porque con la obra me sentí tan… sobre exigida físicamente, me estaba doliendo tanto el cuerpo que dije, para qué más encima voy a salir a correr. Claro que todos los días estoy tramando cómo volver. Eso es parte de mi rutina, mi trote y mi jugo… y bueno, mis clases y todas esas cosas, pero de manera personal, eso es. Y escribo también, todas las noches.

-¿Un diario?

Sí, cuando estoy muy cansada no lo hago, o cuando estoy muy excitada tampoco lo hago. Desde los 14 años, ahora tengo 35. Soy rutinaria.

-Poca gente logra llegar a tanto

Es que siempre me han gustado las letras. No tengo idea cómo escribiré, pero algo habrá de tanta práctica, ¿no?

-¿Cuáles son las cosas a las que no te puedes resistir? Por las que vale la pena salirse de la rutina?

Me encanta comer. Aunque no soy tan chancha, lo más chancho que hago es comerme un pernil con cerveza que a mí me parece exquisito y chileno. El cigarro, a cierta hora del día. Es que yo soy doble, soy súper sana y soy loca. Entonces toda la mañana soy sana, troto, me tomo mi jugo, trato de hacer yoga y en la noche me empiezo a volver ansiosa y fumo, hablo por teléfono, me río… me empiezo a sobreexcitar (ríe) Ésa es una de mis debilidades… pero fumo suave, no soy una vieja cochina fumadora. Y bueno, los hombres también son mi debilidad… debo reconocerlo. A pesar de que últimamente me he portado bastante bien. Yo creo que es la obra la que me tiene así, como es tan fuerte.

-No dan muchas ganas de meterse con un hombre después de verla

Por supuesto. Desde que empecé a ensayar se me quitaron todas las ganas de todo. Dije: “no voy a tener ninguna incursión de ningún tipo a no ser que la persona sea muy amable conmigo”. Es que cuando una está soltera, vas conociendo gente y vas teniendo experiencias súper locas. Crees que una persona es de una manera y después resulta ser de otra… es súper loco todo, uno se topa con tanta gente rara.

-¿Aprendes cosas de tus personajes entonces?

Por supuesto, siempre. Cada personaje te deja algo y cada obra se hace realidad en la vida, es súper loco eso. Espero que no me suceda en la vida que me violen pero puede haber algo por ahí también, no necesariamente eso, eso es muy literal. Yo pensaba, cuántas veces una ha sido violada, no físicamente ¿cuántas veces? Es terrible. Eso es lo que a mí me hace crecer de esta obra, pensar cuál es el límite que yo pongo con las personas que conozco, qué cosas no quiero permitir nunca más.

-Y de tus clases, ¿qué aprendes de hacer clases?

¿De las personas? porque una cosa es lo teórico y otra cosa es cómo te involucras con las personas. El hecho de compartir con mis alumnos para mí es súper enriquecedor, y puede ser compartir dentro de la clase, en el recreo o puede ser salir a tomarse una cerveza, me da lo mismo. Yo soy feliz y siento que siempre se está trabajando. Además que todos los alumnos son tan distintos, son tan amables. Hay unos más locos, otros más brillantes, están los flojos. Pero son todos amorosos, yo aprendo de ellos, y también aprendes a trabajar con cada una de esas personas

-¿Cuál crees tú que es tu mayor defecto?

Tengo varios. Soy muy orgullosa y soy muy porfiada, tozuda. Me encabrito, soy mañosa… súper mañosa. Y lo peor es que siempre creo que tengo la razón, y eso me hace pelear, y peleo con los demás y peleo conmigo misma. Antes era bien cahuinera, ahora no. He tratado de alejarme del cahuín porque lo encuentro rasca. Ahora me he puesto más cuidadosa con algunas cosas, más respetuosa con otras.

-Viajaste a Tailandia en enero. ¿De dónde nace ese viaje? ¿Cómo fue?

Como yo hago masajes, nos fuimos con mi profe y unas amigas a pasear pero también a perfeccionarnos, porque en Tailandia está lleno de escuelas de masaje. Fuimos a aprender. Además, yo había guardado plata hace mucho tiempo y el año pasado viví una experiencia específica y dije: “uy, puta la vida que es corta, ¿por qué no empezamos a pasarlo bien?”. No te digo que era mucha plata, pero eran los ahorros que yo había guardado desde que egresé. Harto tiempo… pero soy actriz, entonces te explico que guardé desde 100 pesos, en el chanchito. Yo en ese país caché lo contemplativo, el tiempo. Cómo la gente vive su tiempo. Acá todo es más rápido, vivimos en una capital, súper contaminada y rápida y la plata y la plata y la plata. En cambio allá no. Se dan tiempo de comer tranquilos, de reírse, de detenerse en una pileta y alimentar a los peces y a las palomas… fumarse un cigarro, se detienen.

-¿Tienes alguna religión en particular?

No. Tengo cierto acercamiento al Budismo pero no soy budista. A veces limpio mi casa, para partir de nuevo, para cerrar ciclos, para abrir otros. Creo que todos tenemos ritos. Antes de función también rezo… pido por la función porque es difícil, la vida del teatro es súper difícil. Siempre he sido bastante religiosa, da lo mismo qué religión o a quién, en el fondo es a uno mismo.

-¿Qué cosas te dan miedo?

Tener una vida demasiado estructurada. Yo soy rutinaria, pero no es lo mismo la rutina que la estructura… ver la vida demasiado delimitada. Quizás la familia me da susto, el término “armar familia” tengo 35 años, entonces la cosa me enferma un poco de los nervios.

-¿No está en tus proyectos armar una familia?

No (ríe) Tal cual no. No sé, es que encuentro que es tan delicado porque uno no sabe, te propones tener hijos y de repente te das cuenta de que no puedes tenerlos, qué frustrante. Pero también puede ser miedo a que me limiten, que limiten mi libertad o miedo a que me hagan daño, a que me mientan, que me traicionen. Eso me da un poco de miedo, por eso, lo más probable, es que no esté emparejada. Tuve pareja su buen tiempo, es trabajo.

-¿Te han decepcionado muchas veces?

Yo creo que igual que a todo el mundo no más. Por supuesto que he tenido decepciones fuertes pero con el tiempo creo que he podido reconciliarme con esas cosas o con esas personas.

-¿Qué es lo que te atrae de un hombre?

Me gusta cuando puedo conversar con esa persona y sentir que el tiempo no pasa. Y puedes conversar de repente cosas serias, cosas chistosas, cosas tristes, da lo mismo, pero compartir como si uno estuviera volando. Y los cuerpos, hay hombres que tienen las manos maravillosas, o los hombros o los brazos o la espalda... y como yo soy una obsesionada con el cuerpo, obviamente no me voy a negar a que lo físico de un hombre me atrae. Y mientras más machito, más viril, mejor. A pesar de que también me ha gustado gente que es súper delicada.

-¿Ojalá actor o no?

Prefiero que no sea actor. Ahora, según don Pepe, director de la escuela (de Teatro de la U de Chile), todos terminamos emparejados con actores porque quién lo va a aguantar a uno. Quién va a entender que uno ensaya a veces hasta las 12 de la noche. Quién va a entender por ejemplo en mi caso, mi compañero me viola tres veces a la semana (ríe) y entre él y yo no hay nada sexual. ¿Quién va a entender que alguien te puede tocar y que no te pasa nada? Alguien que esté muy ocupado en lo suyo… (ríe) o que le guste mucho el teatro, o que esté muy enamorado de ti, no lo sé.

-¿Te preocupa envejecer?

No sé si me preocupa envejecer, me asombra envejecer. Es heavy, cuando te miras al espejo y cachai que te están saliendo canas, que te están saliendo arrugas. Pero no lo veo como envejecer, sino que te miras en el espejo y dices “chuta, ya no soy una niñita, soy un adulto…”. Es terrible, es súper loco. Yo creo que una siempre es una niñita o un niñito dentro de uno y te das cuenta de que tu cuerpo va cambiando. Es súper loco. No sé si me preocupa o me achaca, me asombra. Es fuerte, y también lo siento en el cuerpo porque duele más que antes.

-Te gustan las letras, ¿tienes algún libro o autor favorito?

Qué vergüenza, sí. En novelas, Milan Kundera. Cada vez que entro a un periodo triste de mi vida y ya no aguanto, busco un libro de él y me dedico. Con él siento como si me atrapara, entonces me meto en el libro, comparto la historia y después lo cierro y chao. Y ahora, bueno, ahora leo tanta hueá, me encanta leer tanta tontera. Ahora estoy leyendo a Osho, “Osho, háblanos del amor”. Me gusta leer esas cosas y me da risa también, él me da mucha risa. El otro día leía “el que trabaja sin amor, se vuelve esclavo de su trabajo” Lo encontré total, porque me gusta lo que hago, pero a veces también me he sentido esclavizada. Entonces el rollo es cómo tú logras enamorarte de algo. Porque si no para qué.