Las vacaciones son, sin lugar a dudas una buena instancia para ponernos a pensar, en lo que somos, en lo que fuimos, en lo que soñamos ser; lo que no logramos, en lo que fallamos, las cosas divertidas que pasaron y pasan. El ocio aparece como las callampas después de la lluvia, y en ese ejercicio de meditación trascendental me he encontrado algo atareada en estos tiempos. Porque, para ser sincera, las últimas dos semanas han venido en decadencia ocupacional, quizás sea tema que trate en el próximo post. La espera es un proceso que sigue latente, pero como ya gasté demasiada adrenalina en ello, simplemente pasa a segundo plano... debe ser el curso natural de las cosas, equilibrio vital, y alguna situación que un chamán seudo oriental puede explicar mejor que yo. En fin, llegado el momento en que te aburres de pintar las paredes de tu pieza, ese w.c no parece muy tentador para limpiar, y las ollas amontonadas en la cocina son un bello paisaje para tus ojos, no queda otra que analizar, cualquier cosa, pero analizar.
Y en eso estaba cuando me di cuenta de que soy Kitty. Un día voy a despertar y mi cédula de identidad ya no va a decir ese nombre impronunciable, sino que dirá lo que en verdad soy: "KITTY" . Recordando el origen de mi identidad verdadera, me remonto a los diez años, cuando era "Cristina". Una petisa de 1,40 metro, ojos verdes, energía rabiosa y golpeadora, flaca y con tendencia a la depresión. Pero todo cambió. Cuando ingresé a esa aterradora institución que no mencionaré, alguien, alevosa y prepotentemente, me rebautizó. Y el resultado es que Cristina desapareció. Seguro se sintió desplazada, pasada a llevar, poco valorada, etc, etc, etc. Y llegó a tomar su lugar Kitty. Una niña flaca, de ojos verdes, de 1,40 metro, analítica y sociable. Pero no fue todo tan fácil, Cristina, con su energía belicosa luchaba por volver, mientras Kitty trataba de que todo pasara desapercibido en el exterior. En esa constante pugna, que duró unos tres años, toda la personalidad se alteró, y llegamos a una mezcla extraña. Pero como Kitty, tenía el apoyo de la sociedad, finalmente ella ganó, y Cristina quedó como un lejano recuerdo más, sepultada en los anales de mi historia personal, que de seguro no le importan más que a la que escribe en estos momentos. Y cuando llegué a este punto de la trama, caigo en la cuenta de lo injusto de la vida. Claro, muchas cosas que tengo ahora se las debo a Kitty, a esa chica asertiva, centro de mesa, pragmática y a la vez soñadora, que se ganó muchas amistades, y que desea de corazón el bien a los demás. Pero me dije, ¿Por qué no un reencuentro? . Si hay matrimonios que se han tirado platos y calzones por la cabeza, y han vuelto, ¿Por qué no llamar a Cristina de nuevo?. Quizás necesito de su fuerza, de esa mirada altiva, de sus ganas de pararse, de quedarse callada, de sus deseos de aprender... Así que desde hoy, me presento, Cristina, un placer conocerte.
lunes, enero 31, 2005
lunes, enero 24, 2005
Sigo esperando...
Qué cosa molesta esta de esperar; definitivamente una de las instancias más incómodas en la vida de todo ser humano. Bah, es cosa de recordar cuando, en la más tierna infancia debíamos esperar por tantas cosas, y ni hablar de fechas especiales, cumpleaños, día del niño; la cosa toma otro tono si hablQuamos de navidad. En mi, siempre ha tenido efectos negativos, no sólo para mi, sino para todo el entorno inmediato que, en la más completa indefensión debía soportar mis extraños, repentinos y explosivos ataques de histeria e inseguridad. "Mamá, el viejo pascuero no me quiere" "Papá este año no me porté bien" . Además, consideren, queridos amigos, mi personalidad que tiende a ser demostrativa; derivaba de modo invariable en llantos,gritos, portazos,etc, etc, etc. Afortunadamente (o desafortunada,no sé bien) el tiempo, la sociedad,los años, una disminución de la energía vital, y otros factores que no creo necesario nombrar, han logrado que esta histeria haya mutado, al punto de hacerse imperceptible en mi exterior. Cualquier persona que me conozca sólo en la superficie, podría afirmar que incluso soy tranquila, o inconmovible, pero no señores!!! toda energía no se crea ni se destruye, sólo se tranforma. En el caso de Cristina Ríos Saavedra, la tierna energía explosiva de niña, ha dejado de fluir al exterior, y se ha concentrado en un punto subconsciente. ¿Y qué? se preguntarán. Me apuro a responder. SUEÑOS. Así, tan simple como suena, sueños, de los más variados en formas, duración, colores, sabores, olores, en fin, miles de sensaciones que se conjugan para cumplir un sólo propósito,que es además,adorable. El propósito de alterarme. Y es adorable,sí, salir del letargo, despertar, sacudirse, y lo más bello de todo, sentir que las cosas importan, a pesar de mi cerebro que de modo conciente y racional ponga barreras, y trate de protegerme de las posibles lesiones. Me atrevo a decir: sí, me importa, me importa irme de Chile, me importa saber qué pasa con él, me importa saber si existe más allá de lo que veo, e importan tantas cosas y es adorable. Gracias sueños, me han hecho un gran favor, me han dado una de las incomodidades más detestables en la historia de vida de un ser humano, la ansiedad del futuro, la avidez de respuestas. GRACIAS
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