domingo, marzo 13, 2005

El pene y yo.

Seré honesta, hoy no se me ocurría de qué carajo escribir, así que he recurrido al manoseado y nunca bien ponderado sexo.Además, por ahí escuché que la cuarta semana es la indicada para empezar con este tipo de actividades, y a modo de alegoría, tendré mi primera relación sexual con todos mis queridos lectores. Bueno, no pretendo dar clases, porque aún no he obtenido ningún tipo de título, algo así como "licenciatura en posiciones y movimientos pélvicos" o en su defecto "técnico en higiene pre y post sexual aplicada a la felación". No, nada de eso, desde este rincón quiero compartirles mi inquietud, que por tantos años me ha acompañado y que, en ciertas ocasiones, se desata y vuelve con toda su fuerza . Ayer, por ejemplo leyendo a Henry Miller (Trópico de Cáncer) me encontré con el siguiente fragmento:

"La fisiología del amor.La ballena con su pene de dos metros en reposo.El murciélago... penis libre. Animales con un hueso en el pene (...) Afortunadamente -dice Gourmont- la estructura ósea se ha perdido en el hombre.¿Afortunadamente? Sí, afortunadamente.Imaginaos a la raza humana caminando por ahí con un hueso en ese sitio. El canguro tiene doble pene:uno para los días de entre semana y otro para las fiestas (...) "

Y yo no tengo idea. Así de simple. No tengo ningún pedazo de músculo y vasos sanguíneos hiper desarrollados que, confabulan para generar una decorosa y pintoresca erección, la cual puede apreciarse sin mayor esfuerzo. Nada. Por más que busque entre las vellosidades no encuentro nada. Tropiezo quizás con otros órganos (aclaro que tan dignos y eficaces en su labor) pero ninguno de tal envergadura. Y para variar vuelvo a la infancia, cuando la curiosidad emergía de las formas más desfachatadas y urgentes.Todas las veces que esperaba al acecho un descuido de mi padre, pobre de él si es que llegaba a dejar sin pestillo la puerta del baño, porque era en ese momento cuando me abalanzaba golosa y amoral a observar esa forma prominente y atractiva. Afortunadamente, y con pruebas bastante fehacientes puedo asegurar que mi padre no resultó ser un pedófilo. Y ni nombrar las veces en que repetía la acción en los baños de hombres en mi colegio. Pero ese es tema aparte. Lo que en verdad quisiera confesarles, sin recato, y con orgullo es que me encantaría tener uno. Más que nada porque me parece un juguete divertidísimo.Y cómo no, con él puedes encontrar entretención de manera casi automática. En clases de química por ejemplo, podría meter mi mano por el bolsillo del pantalón, y tal vez evocar alguna orgía, mientras mentalmente incluso invite a la profesora; sería fantástico. Y por supuesto no me daría ningún pudor, estaría tan feliz de tener un pene, que me daría igual que todo el mundo se enterera de cuántas veces al día llegan a mi cabeza pensamientos sexuales de alto calibre.

Pero es imposible, soy mujer,y mi labor es otra; de forma natural seré el eterno receptáculo del enhiesto miembro. Así que, viéndome imposibilitada de ser el participante que ingresa y recorre túneles oscuros, atrayentes y magnéticos me dedicaré del modo más abnegado posible a ser una hospedera ejemplar. Y disfrutaré eternamente de este rol.

1 comentarios:

Nico dijo...

Chica, ya te lo dije..... escribes muy bien y sostengo mi opinion acerca de la columna propia........ RESERVAME la 1 copia de tu libro, si algun dia haces uno ;).......